Efecto Bandwagon o su contrario


Sesgos Cognitivos - Alteraciones de la mente

¿Qué es el efecto Bandwagon? ¿Y el efecto Underdog?


Muchos de ustedes se preguntarán la razón por la cual algunas personas imitan el comportamiento, acciones o palabras de otras, y no solo imitándolas sino que también creen en ciertos testimonios o dichos simplemente porque otras personas creen en el mismo.

Tanto el efecto Bandwagon (también conocido como efecto arrastre o efecto de moda) como su contrario, el efecto underdog, son términos usados principalmente en comunicación política y en ciencias de la opinión pública que hacen referencia al cambio en la intención de voto como consecuencia de un clima general que designa claramente vencedor a un candidato frente a otro. Como ya observamos en el blog anterior sobre el Efecto Pigmalion, estas alteraciones de la mente, producen que muchas veces pensemos que estamos eligiendo cuando en realidad nos vemos sesgados por el entorno y condiciones culturales.


Los seres humanos, basados en nuestra experiencia, intuición, aprendizaje y emoción, integramos la información en un contexto que, con suerte o desgracia, cambia permanentemente de manera inmediata y automática.
Facundo Manes (Neurólogo Argentino)


Los orígenes del término Efecto Bandwagon resultan muy curiosos, remontándose al año 1848. En aquellas fechas Dan Rice, un payaso de circo, utilizó su bandwagon para atraer la atención de las personas en la campaña política de Zachary Tailor; en la misma medida en que la campaña aumentaba su fama, cada vez más políticos aspiraban a sentarse en aquel bandwagon, en la espera de asociarse al éxito. Para el año 1900 ya los bandwagon se habían convertido en un ícono de las campañas presidenciales y se había popularizado la frase: “subirse al carro”, en su sentido más peyorativo.

El Efecto Bandwagon nos afirma que casi todo es una cuestión de números, mientras más personas asuman un comportamiento o una creencia, existirán mayores probabilidades de que otras personas se añadan a esta “nueva moda”. No obstante, no todo se reduce a los números, también es esencial la percepción de satisfacción, éxito o disfrute; evidentemente, si observamos que las personas no disfrutan u obtienen beneficios con sus creencias o comportamientos, difícilmente nos sumaremos a su modo de actuar.

El caso del efecto Bandwagon (del inglés, carro de la banda) se popularizó en el último tercio del siglo XIX durante la campaña de Abraham Lincon y tiene un origen casi humorístico. Con el paso de la caravana presidencial por los Estados del Norte, eran muchos los que invitaban a unirse a la fiesta, o seguir la música, del claro favorito, en este caso, el célebre presidente que aboliría la esclavitud en los EE.UU.

El efecto underdog toma el sentido contrario, bebiendo del sentimiento típico en el ser humano de situarse del lado del más débil. Así, la intención de voto se modificaría al sentir, sociológicamente, una parte de la población simpatía por las causas perdidas.

Resumiendo, el efecto Bandwagon se concretaría en todos aquellos que ven la causa ganadora y triunfalista como la suya propia y, al contrario, ocasiones en que el total convencimiento de una derrota segura provoca un cauce masivo de votos hacia el supuesto perdedor.

Ambos efectos pueden traducirse en tácticas electorales representadas por las publicaciones de encuestas, llegando incluso a falsear o exagerar los resultados de las mismas. Un juego de declaraciones, el bueno uso de los medios de comunicación o una inteligente presentación de un candidato como nuevo “it boy” del momento, tal y como sucedió con Obama en su proceso de primarias, son claves que los estrategas manejan con mayor o menor acierto. En el caso del underdog, llega a ser incluso positivo, en definitiva, presentarte a ti mismo como un seguro vencido en un determinado momento de la campaña.
Para observar esto, hace poco se hizo un experimento en donde se demuestra como por medio de este sesgo se pueden crear paradigmas y generar comportamientos en masa.

Ambos términos, a su vez, pueden aplicarse a varios campos en ciencias sociales, y cuyos efectos concretos pueden traducirse en los resultados de reality shows o estrategias de relaciones públicas. Incluso en el campo del márketing más puro, es necesario tener en cuenta el efecto Bandwagon a la hora de planificar la distribución de un determinado producto que, por unas razones u otras, termine siendo el preferido por los consumidores como consecuencia de una alta demanda, alterando las leyes básicas en microeconomía.


 


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